Atole corre por mis venas

¿Qué sería de una mañana en México sin atole? Disfrutar de un “atolito” es una de las actividades más mexicanas que podrían existir, prácticamente es un desayuno completo, un alimento tan agradable para el cuerpo como para el alma. Con una consistencia espesa, esta bebida es una de las favoritas de los madrugadores, ya que te brinda la energía necesaria para hacer cualquier tipo de trabajo pesado o simplemente despertar. 

Con origen prehispánico, este producto tiene vocablo náhuatl atolli (aguado); aunque Fray Bernardino de Sahagún explica que tiene otro significado: atl (agua) y toloa (comer o tragar), y por ello se le consideraba como una especie de alimento-bebida. Tiene como ingrediente principal el maíz, en cualquiera de sus variedades, desde el amarillo dentado hasta el negro. 

A partir de la llegada de los españoles a territorio mexicano, el atole evolucionó aún más, gracias al intercambio cultural entre ambas naciones y a la existencia de un producto similar en el país europeo como lo eran las gachas o puchas, éstas eran masas elaboradas de cereales machacados, principalmente de trigo.

Atole_Sabores

En el libro de la Historia General de las Cosas de Nueva España, se tiene un registro sobre las características socioculturales más importantes de la bebida. Las civilizaciones antiguas consumían atole porque consideraban que recibían la energía necesaria para cumplir con labores pesadas, se consumía durante el desayuno y otorgaba muchos nutrimentos. Además de nutrientes y características medicinales, se le proporcionaban condiciones divinas, por lo que todos trataban de consumirla cotidianamente.

El mismo libro menciona que se vendían fríos o calientes y que se obtenían de maíz tostado, maíz molido, tortillas trituradas o quemadas, además solían mezclarse con frijoles, chile o miel. El más conocido es el atole blanco o iztac, cuya preparación no lleva ninguna mezcla y solo es hecho a base de maíz blanco nixtamalizado y agua. El proceso de nixtamalización consiste en la cocción de maíz con agua y cal, por lo general se usa un metate para moler los granos y obtener una masa que se podrá utilizar en la elaboración de muchas preparaciones. Existe una gran variedad de tipos de atoles, dependiendo de la región se utilizarán unos u otros ingredientes para dar un sabor especial, un ejemplo es el nequatolli, nicuatole o atole con miel, mezclado con miel de maguey, perteneciente al estado de Oaxaca.

Otros son el xocoatolli o atole agrio referente de Oaxaca, chilliatolli o atole con chile, atribuido a las culturas que habitaron la región chiapaneca, chianatolli o atole con chía, nechillatolli o atole con miel y chile de Oaxaca, ayocomollatolli o atole con frijoles, michuauhatolli o atole de amaranto, quauhnexatolli o atole con ceniza de árbol, puzcua o atole blanco insípido que se prepara en Michoacán y el xacualolli o atole de calabaza elaborado en Morelos y Tlaxcala, todos los anteriores pueden endulzarse con piloncillo o azúcar, aunque en algunas regiones con chocolate.

Atole_Blanco

Poco a poco se ha ido perdiendo el hábito de consumo, a pesar de que existe un sólido grupo de interesados en este producto, suele ser complicado encontrar alguna de las diferentes versiones antes descritas, actualmente suelen ofrecerse sabores más comerciales (vainilla, fresa o nuez) que no corresponden a la tradición, esto provoca que ya no sea contemplado como un referente culinario por algunos, por ello es de mucha importancia difundir su consumo tradicional, el cual nos otorga beneficios a la salud y reconforta nuestro espíritu.