De la comida callejera a los food trucks

Cuando empecé a escuchar sobre el fenómeno de los food trucks en Estados Unidos, lo único que me venía a la mente era ¿dónde está la novedad? Cualquier persona que conozca México se dará cuenta que la comida en la calle va más allá de ser una moda es parte de nuestra historia y tradición, de nuestra forma de vida y, sobre todo, del sabor de nuestra gastronomía.

A ver, ¿quién no se ha comido un taco en un puesto de metal, quien no ha comprado un vaso de fruta en los carritos, qué me dicen de los tamales de triciclo o qué hay de los dulces en carretilla? En fin, la lista puede ser casi ilimitada.

Claro, los food trucks son la versión gringa de lo que en México conocemos desde hace siglos como la comida callejera, esa de los puestos de metal en cualquier esquina. Las diferencias son claras, allá tienen que cocinar todo en una cocina instalada en un lugar cerrado para después trasladar la comida al food truck donde sólo la mantienen caliente, le dan los últimos toques y la sirven. En cambio acá, todo se cocina desde cero, in situ y frente a nuestros ojos. Bella imagen la de la señora con la masa haciendo una quesadilla al momento, la del señor en bicicleta vendiendo tacos de canasta, la del carrito de camotes, la del frutero poniéndole chamoy al mango, pero la mejor es la de todos nosotros salivando por lo que nos vamos a comer mientras lo están preparando.

¡Qué viva la comida ambulante!