Dulcinea

Era un típico día de la Ciudad de México, por la mañana frío, a medio día soleado y la tarde lluviosa; caminábamos por Polanco un poco frustrados después de que los boletos de la exposición que queríamos ver se habían agotado, por lo que decidimos que lo mejor sería ir por algo de comer. Así inicio nuestra caminata.

El hambre nos sugería una hamburguesa deliciosa, un buen corte de carne o algo de mariscos, también había oportunidad para algún lugar nuevo. Los lugares no ayudaban a superar la amargura del mal logrado día cultural, en Butcher and Sons había una espera de 40 minutos para una mesa (nunca espero más de 5 minutos y ese día no iba a ser el primero), el espíritu carnívoro se decepcionó cuando estando frente a El Zorzal nos dimos cuenta que estaba cerrado, una manta claramente nos anunciaba que desde abril están en remodelación (como te darás cuenta no suelo ser un caminante frecuente de esas calles). Para este momento, ya estábamos empapados por un clásico aguacero chilango, esos que suelen durar tan solo unos minutos, que aparentan nunca acabar pero son suficientes para inundar las calles.

Las opciones se reducían por la poca disponibilidad de mesas en los lugares, afortunadamente, justo del otro lado de la acera alcanzamos a ver a Dulcinea, quizá no con ojos de amor como Don Quijote lo haría pero sí con un estomago que exigía comer al instante. “A este lugar vengo a desayunar con mi amiga, está rico”, de forma sencilla y convincente me lo presentó ella. Palabras suficientes para elegirlo. Ahí estaba nuestra mesa, la única disponible, como si supiera que íbamos a llegar en cualquier momento. Dejamos sobre las sillas vacías nuestras chamarras que goteaban sin parar, nos recuperamos de la caminata pasada por agua, como sucede la mayoría de las veces la lluvia cesó a los pocos minutos que entramos al restaurante. El agua de maracuya y una cerveza servirían para tranquilizarnos y adaptarnos al sitio mientras leíamos la carta que tenía unos cuantos platillos, todos se leían deliciosos: el cordero, los extraviados, el atún, la sopa de flor de calabaza, hasta las ensaladas lograban que nuestras bocas salivaran. Tras un breve diálogo entre nosotros y con las sugerencias de la mesera, los acuerdos llegaron: ella la alcachofa, yo la sopa de chicharrón; ella el atún, yo uno de los extraviados; y esperaríamos a terminar éstos para hablar sobre el postre.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Nos trajeron la alcachofa muy bien presentada, acompañada de una salsa de albahaca y queso de cabra, las hojas se desprendían fácilmente, tenían una textura suave y un sabor ahumado. El plato hondo de la sopa venía con chicharrón seco, queso Oaxaca, aguacate y chile verde, el mesero fue sirviendo de a poco la crema de chicharrón hasta que ésta cubrió por completo el resto de los ingredientes. El sabor era inmejorable.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Una vez que no hubo rastro del primer tiempo trajeron a la mesa dos platos fuertes espectaculares: el atún con mole de tamarindo y el extraviado con salsa tatemada. Ella, conocida entusiasta del atún, dejó entrever con una sonrisa que el primer bocado anunciaba que la cuidada decoración iba de la mano de un delicioso sabor. En tanto, que el extraviado acompañado de la salsa tatemada, un poco de cebolla morada y espárragos generaron una explosión de sabores asombrosos en mi paladar, quedé absorto por la delicadeza de sabores que se acoplaban de una manera única, caí en una especie de romance fugaz que no quería que se acabara nunca. El bocado final llegó con una extraña sensación de felicidad por lo que había comido y de tristeza por saber que no podía seguir complaciéndome con estas combinaciones.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Era momento del postre y no entraríamos en argumentos, seguimos la recomendación de la mesera del mini french toast, al parecer todo un clásico del lugar, se convirtió en la conclusión perfecta de una tarde de extraordinaria comida. Por cierto, lo de “mini” viene por que durante el desayuno sirven la porción regular del french toast, sinceramente no me imagino el tamaño de ése si tan solo el “mini” dejó satisfechos y contentos a dos conocidos tragones.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Llegó la hora de irnos y como era de esperarse el chubasco inicio nuevamente, poco nos importó porque habíamos tenido la mejor comida de las últimas semanas, también decidimos pedir un taxi para no mojarnos otra vez.

Fotos: @saboresmexicoft

Dulcinea – Cocina Urbana
Oscar Wilde 29, Polanco
Facebook / TwitterIt was a typical day in Mexico City: cold in the morning, sunny at midday and a rainy afternoon. We were walking in Polanco, a little bit frustrated for not getting tickets for an art show we wanted to attend, so we decided it was time for lunch. That’s how our journey began.

We were on a mood for a delicious burger, a good piece of meat or seafood, we were also opened to a new place. The restaurants were not helping us to overcome our bitterness after the cultural day didn’t happen; Butcher and Son’s had a 40 minute cue for a table (I never wait for more than 5 minutes and that day wasn’t going to be the first one), our carnivorous soul got sad when we were in front of El Zorzal just to notice that a sign announced they’ve been redesigning since April (as you can see I’m not a regular walker of this streets). At this time, we were soaked by a classic Mexican heavy shower: it lasts just a few minutes, it looks like it’s never going to end but enough to flood the streets.

The tables at the restaurants were all taken, our options were limited, fortunately, on the other side of the street our sight was caught by Dulcinea, perhaps we were not giving the look of love as Don Quixote would have, but our stomachs were imploring for food. “I come for breakfast to this place with my friend, food is good”, that’s how she introduced me to the restaurant. The recommendation helped to make our decision. There it was, our table, empty, available, as if it knew we were going to arrive at any moment. Our jackets were still dripping, we left them over some chairs, we recuperate ourselves after a rainy walk, as usual the rain stopped once we were at our table. The passion fruit water and a beer were a great welcome and helped us relax while we read the menu, everything seemed very tasty: lamb, fish, the squash blossom soup, even the salads made our mouths water. After a brief dialogue among us and the waitress suggestions, we made up our minds: the artichoke for her, the chicharrón de cerdo soup for me, the tuna for her, the extraviado for me; and we were going to wait to finish this plates to talk about dessert.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

The artichoke was served and very well presented, it came with a basil dressing and goat cheese; the leaves came off easily, their texture was soft with a smoky flavour. The soup plate had pork crackling, Oaxaca cheese, avocado and green chile, the waiter slowly poured the chicharrón de cerdo cream soup until it completely covered the rest of the ingredients. The flavour was unbeatable.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Without trace of the first course, we were amazed by two spectacular main dishes: the filet of tuna with tamarind mole and extraviado fish in roasted sauce. She, an enthusiast of tuna fish, had a discreet smile on her face after the first bite, it announced that the fish tasted as good as it was decorated. In the meantime, the filet of extraviado fish with roasted sauce, red onions and asparagus created an explosion of savouriness in my palate, I was entranced by the unique combination of delicate flavours, suddenly I was immerse in a fleeting romance that I hoped it would never finish. The last bite had a strange sensation of happiness for what I just ate and sadness for knowing that I couldn’t keep indulging myself.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

Dessert time was on and we were not going to argue about it, we will follow the waitress advice on the mini french toast, as it appears to be a classic of the restaurant, it was the perfect ending for an extraordinary meal. By the way, they call it “mini” because during breakfast the serve the regular portion of french toast, honestly I can’t imagine the size of it if the “mini” was enough for two well-known greedy-guts to have satisfied and smiling bellies.

http://instagram.com/saboresmexicoft

http://instagram.com/saboresmexicoft

We had to leave and as it was to be expected the downpour began again, it didn’t matter at all as we just had the best meal of the last weeks. We also called a taxi so we won’t get wet again.

Photos: @saboresmexicoft

Dulcinea – Cocina Urbana
Oscar Wilde 29, Polanco
Facebook / Twitter